¿Igualdad?

Estaba leyendo el periódico esta mañana en Internet cuando he visto una de esas noticias de relleno que suelen poner en verano, pero que como no hay muchas más cosas estaba entre las 10 más leídas. El Corte Inglés va a poner uniforme también a los hombres, que hasta ahora llevaban traje. Interesante ¿eeeh? sí, me aburría. Como hay que justificarlo de alguna manera, y decir que así la gente no confundirá a los clientes trajeados con dependientes no da mucho debate ni publicidad, han añadido el tema de la famosa “igualdad” entre hombres y mujeres para justificarlo. Y como no, hay que soltar porcentajes, que siempre visten cualquier cosa de “igualdad”: en la plantilla el 63% son mujeres y el 37% hombres, en las jefaturas las mujeres son el 22%.

Entre los comentarios de la noticia, los hombres se lanzaban a degüello contra el feminismo (algunos están muy quemados ya) diciendo que para buscar igualdad de verdad habría que hacer que el 50% de la plantilla sean hombres, no el 37%, pero que seguro que las mujeres que tanto buscan la igualdad se callaban eso, que ellos estaban marginados (tanto nombrar la igualdad empieza a perder significado la palabrita de las narices). Las mujeres en cambio se fijaban en el porcentaje de las jefaturas, diciendo que donde  había que meter mano es en fomentar que sean jefas igual que ellos. Como veis mucha igualdad pero cada uno barre para casa.

¿Tantas ganas tienen todos de ser hombres y mujeres cuota? Creo que el 50/50 debería ser un reflejo de lo que haya conseguido la sociedad, no un objetivo artificial que haga que se contrate o se deje de contratar por sexo. No he visto a nadie preguntarse qué porcentaje de gente con méritos para acceder a esas jefaturas eran mujeres, o qué porcentaje de hombres han solicitado el puesto de dependiente y tenían los mismos méritos (o habían pasado igual el curso previo) que las mujeres que lo habían solicitado. ¿Estoy diciendo con esto que las mujeres son peores para ser jefas o que los hombres no puedan ser dependientes? No, pero no se me escapa que el mundo laboral va desde los que ahora tienen 16 años hasta los que tienen 65, y que mi educación fue muy diferente en ese aspecto a la de mis padres. Si el nivel de estudios se va igualando lo lógico es que progresivamente se igualen los puestos, sobre todo los puestos altos, pero no por una cuestión de igualdad artificial, si no de valía de cada persona.

En este sentido, individualmente, ¿hacemos todo lo que está en nuestra mano para tener un mundo con igualdad? No me refiero a las grandes campañas ni a las leyes si no a un nivel más personal.  ¿Tratamos igual a los hombres que a las mujeres? Yo sinceramente creo que no. No voy a empezar con victimismos de mi género, pues al fin y al cabo ellos también se ven discriminados en algunos campos, o tachados de gays sólo por estar en alguna profesión típica femenina.

Al hilo de esto y el porqué de que me haya enrollado tanto es que quiero añadir este vídeo. En él, Sheryl Sandberg, directiva de Facebook y parte activa de las juntas directivas de compañías como Walt Disney o Starbucks, habla de porqué hay pocas mujeres dirigentes. Y además da soluciones. Pero no está enfocado hacia cómo eran los estudios o a echarle la culpa principalmente a la sociedad. Si no que habla más bien de las diferencias que ahora hay de comportamiento y de percepción en hombres y mujeres que impiden esa igualdad; de como las mujeres se retraen en su vida laboral, o de como hay características de liderazgo que vemos como buenas en los hombres y malas en las mujeres.

A mí me pareció muy interesante, nada pesado (es un cuarto de hora no es una aburrida charla eterna), y que aporta soluciones realistas para ambos sexos. Sobre esto sí que me encantaría leer opiniones de los que vean este vídeo (sector masculino y femenino por favor).

Fuentes:

Un libro

  • Título: Yo maté  a Sherezade.
  • Autora: Joumana Haddad
  • Editorial: debate
  • Género: Ensayo.

¿Por qué leerlo?

“Un libro revelador y audaz sobre las mujeres en el mundo árabe. Nos abre los ojos, acaba con nuestros prejuicios y además es entretenidísimo.” (Mario Vargas Llosa)

Lo estaba releyendo buscando una cita y me ha vuelto a enganchar, y casi sin querer me leí anoche más de la mitad de sus 140 páginas. Su autora, libanesa, nos da su visión de la mujer árabe desde su experiencia personal, empezando de niña, cuando sus padres (cristianos tradicionales) la dejaban sola en casa, lo que ellos no sabían es que Joumana aprovechaba para leer los libros que no le permitían, en especial leía al marqués de Sade; hasta ahora, que es poetisa, periodista y traductora además de escribir una revista en árabe sobre el erotismo. Toda una contradicción hacia la imagen que se tiene en occidente de las mujeres árabes.

Pero no estoy siendo justa con el libro, contado así parece mucho más soso y aburrido. Y no es nada de eso, es entretenido, impactante y reivindicativo. Habla de fe, de feminismo, de feminidad, de como te marca la guerra, todo ello sin victimismos, con un toque de reivindicación y sin adornos, ensalzando la individualidad y el crecimiento personal por encima de la colectividad.

Yo lo descubrí al leer esta entrevista a su autora: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/03/21/internacional/1300722712.html

Pero creo que nada de lo que diga puede hacerle justicia, mejor que se exprese ella, así es como se presenta el libro:

“Querido lector: Permítame que le advierta ya desde el principio: no tengo fama de facilitar la vida de nadie. Por lo tanto, si busca aquí verdades que cree saber y pruebas que cree tener ya; si desea ver corroboradas sus opiniones orientalistas, o quiere reafirmar sus prejuicios antiárabes; si espera oír el soniquete interminable acerca del choque de civilizaciones, entonces es mejor que no siga leyendo. En este libro haré todo cuanto esté en mi mano por defraudarle. Intentaré decepcionarle, desencantarle, desposeerle de sus quimeras y opiniones preelaboradas. Queda avisado.”

Y recomiendo en especial el capítulo 5, Una mujer árabe que redefine su sexualidad. Toda una declaración de intenciones, aborda el tema del feminismo sin perder la feminidad, sin rechazar por ello al hombre. Inspirador para ambos mundos (oriental y occidental), ¿no creéis?

“Soy, sin duda, lo que se dice una mujer <<con un par de pelotas>>, pero no tengo envidia del pene.”

 

“Como mujer necesito un hombre. De eso no hay duda. Y adoro esa necesidad, y la acepto, y la cultivo, y me siento orgullosa de ella. Como mujer sé que el hombre también me necesita. Y adoro esa necesidad, y la acepto, y la cultivo, y me siento orgullosa también de ella. Pero existe una gran diferencia entre necesitar al otro y depender del otro hasta convertirse en un mero apéndice, un accesorio, de él o de ella.”

Puede que no esté de acuerdo con todas sus ideas, es lo bueno de ser humanos, todos diferentes, pero el hecho de que este libro me haga pensar, sin ese tufillo de pseudointelectualismo y profundidad al que aspiran muchos otros hace que lo considere un buen libro. También influye el hecho de que me sorprendió, y aunque estoy en la veintena, me doy cuenta de que ya no es tan fácil hacerlo.

Por último, quien quiera creer que es un libro sólo para mujeres, se equivoca, es para cualquiera que tenga curiosidad y valentía para acercarse a esta “chica rebelde”.

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