La primera vez

La primera vez es complicada, normalmente estás con ilusión, nervios, miedo, quieres que todo salga perfecto, intentas recordar lo que te han dicho que hagas, pero claro, no puedes controlar todo, hay que improvisar, no sabes muy bien cómo, el aceite decide saltar por todas partes… ¡Qué duro es aprender a cocinar!

Y es que algunos nacimos torpes, qué se le va hacer, podemos tener inteligencia, belleza, habilidad para el crimen, humildad… pero los trabajos manuales no son lo nuestro (esos trabajos manuales no, ¡malpensados! esos se me dan estupendamente y yo no hablo de esas cosas). ¿Y qué hay que requiera más destreza manual que la cocina? Cuchillos afilados, grandes peligros por culpa del aceite, cebollas vengativas que te hacen llorar… es territorio hostil. Pero esa certeza de peligro no me hizo echarme atrás, soy una chica valiente, así que decidí un día años ha, aprender a cocinar. ¿Y cómo empecé? Pues como todos, con un:

-¡Mamáaaaa! ¿Me enseñas a cocinar? [añádase aquí ojitos de bambi]

¿Y cómo decidió ella cómo debía empezar mi aprendizaje en ese arte milenario? Pues como todas, con un:

– Vale, te voy a enseñar a hacer un huevo frito.

Hagamos un inciso. Madres del  mundo, si sabéis que con hacer pizza precocinada al microondas vuestros retoños pueden sobrevivir cuando les dejáis solos un fin de semana, si el huevo cocido requiere conocimientos y habilidades mucho más básicas, si el filete a la plancha vuelta y vuelta les va a alimentar sin peligro de quemadura, ¿por qué todas queréis empezar por un frito???

Pues allá que fuimos, a pelearnos con el huevo frito, porque el primero no se cocina, se pelea con él. Para empezar está el asunto de cascarlo bien en el borde de la encimera, para poder echarlo en el aceite sin que caigan todos los trocitos de cáscara en la sartén, que alguien decidió que la parte exterior no fuera comestible. Bueno, esto lo conseguí con aprobado raspado, algún trocito se podía quitar sin problemas con un tenedor y sin que salpicara aceite. Pero ay, el aceite, hacer un huevo frito requiere la antigua técnica de adivinar cuando está caliente el aceite, sin meter el dedo, para esto las madres tienen una medida de tiempo muy exacta para cuando les preguntas, “pues cuando veas que está caliente lo echas”. Eh… ¿mi madre tiene visión por infrarojos y yo no la he heredado? Pues vaya. Superada esa decepción de no tener los superpoderes de mi madre, tuve que aprender a calcular aproximadamente ese tiempo (o echar algún trocito de algo comestible en el aceite y escuchar el chisporroteo).

Hay comidas que las pones en la sartén y las dejas ahí un rato que se vayan haciendo, pero el huevo frito, por el que deciden empezar las madres del mundo, no es una de ellas. Así que casi sin darme cuenta, me puso en la mano una especie de varita mágica metálica, acabada en un colador plano y me dijo, “échale con esto aceite por encima al huevo”. ¿Y no sería mejor algo sin agujeros? Pues resulta que no, que debe hacerse con eso, lo exige la tradición milenaria de hacer un huevo frito, es parte del ritual, y a un ritual vas a contradecir. Así que allá que fui,  primero tímidamente, después un poco más animada por mi éxito, y ¡plof! “¡nos atacan! ¡a cubierto!!” “ay hija, no seas exagerada, por unas gotillas que saltan de nada”, “pero, pero, está caliente, y es aceite, y con eso defendían los castillos en la edad media, y en la edad media eran muy brutos…” “que no pasa naaada, tu sigue, no tengas miedo” (mmm… tal vez fuera el recuerdo de oír estas mismas palabras años antes, al aprender a montar en bicicleta, antes de pegarme más de una leche contra el suelo, pero por alguna extraña razón, no me relajé). Como mi duro entrenamiento requería de mi presencia cerca de la sartén, agradecí no tener bracitos cortos, y fui alejando mi cuerpo todo lo posible, cogiendo la varita mágica metálica del extremo más alejado al colador plano, y de alguna manera lo conseguí, a mi instructora le pareció que estaba cocinado, pues oí a mi espalda algo parecido a “jajajajajajajajajajsacajajajajalojajajadelfuejajajgo ya” que en idioma de madre significa “mucho de ordenadores pero estas cosas…”.

Llevarlo de la sartén al plato me dijo que era una misión delicada, supongo que en mi empeño de salvar al pobre huevo del malvado aceite me tomé aquello muy en serio, y conseguí llevarlo sin problemas, con el colador plano de la varita metálica, espumadera que le llaman los entendidos. Lo tenía, lo había conseguido, mi primer plato cocinado por mí, tenía la cena, tenía… un mísero huevo frito. Tanto sufrimiento por un huevo frito, y que encima no puedes presumir de ello, porque todo el mundo da por hecho que es lo más fácil, y no, pero no vas a decir que te costó, que te miran mal, y eso sí que no.

Testimonio desgarrador que demuestra que hay más gente con problemas para conseguir su primer huevo frito. Fuente: www.teniaquedecirlo.com, autor: marc_s

Testimonio desgarrador que demuestra que hay más gente con problemas para conseguir su primer huevo frito. Fuente: http://www.teniaquedecirlo.com, autor: marc_s

Días más tarde mi entrenadora decidió que estaba lista para el siguiente reto, “algo facilito, tengo estas croquetas hechas ya, así que sólo tienes que freírlas”.  Con la última palabra me dio un escalofrío, pero no me hizo echarme atrás, soy una chica valiente. Ese día hice un gran descubrimiento para lo que serían mis inicios en la cocina, las tapas de las sartenes, no son como su nombre indica para tapar las sartenes, ¡sirven a modo de escudo para protegerte del aceite que salta! (y más como le caiga una gota de agua al aceite). Esto no me lo explicó, fue un toque de genialidad mío, improvisación (iba para gran chef, ya lo véis), ya empezaba a entrar en mí el espíritu de los genios de la cocina, hasta improvisé el plato, y en vez de las deliciosas croquetas caseras, hice deconstrucción de croquetas caseras, mucho más de moda y algo de alta cocina. La dificultad aumentó también, claro, ya había pasado el nivel 1: huevo frito, estaba en el nivel 2: fríe algo empanado, así que esta vez no oí de fondo la orden de sacarlas cuando estuvieran listas, de hecho sólo escuché risas de fondo, muchas, ¿qué tiene de malo mi método del escudo-tapa-de-sartén? Vale que no se ajusta al ritual ancestral para freír, pero los tiempos cambian, y hay que hacer mejoras. Ahora para disimular y fingir adentrarme en esos mundos no lo uso, pero recuerdo con cariño mi escudo.

Después de aquello fui aprendiendo recetas más sencillas. Y ahí descubrí algunas cosas, como que si te pasas y pones unos granos más de arroz puedes alimentar a una familia entera de diez personas, que nadie es capaz de calcular cuánta pasta va a salir y siempre aparece más, pero al día siguiente está bien rica y sólo tienes que usar el microondas. Que el arroz quemado se quita muy mal de la cazuela. Que es útil tener el teléfono del chino a mano. Que el tomate va con todo pero puede acabar en los lugares más insospechados de la cocina cuando salta (esto lo descubrí gracias a mi compi de piso, un saludo). Que las palomitas de microondas se hacen de oído y es imposible que se hagan todas sin quemar la mayoría. Que la batidora primero se mete en el líquido y luego se enciende, nunca en orden contrario salvo para cambiar el gotelé. Que los tiempos de horno a X grados son orientativos, ya que cada horno pone el X grados donde le da la gana. Que la cebolla no es totalmente imprescindible como me intentaban decir en mi casa. Que dar la vuelta a la tortilla puede dar catastróficos resultados y oye, unos huevos revueltos con patata no están nada mal. Pequeñas cosillas que aprendí en mis tiempos de torpe profesional en la cocina.

Bonus, tiempo más tarde fui a la universidad, y viví fuera de casa como tantos universitarios, en residencia de estudiantes donde no nos daban de comer todos los días, ahí pude ver cómo cocinaba otra gente de mi edad. Recuerdo el primer día, fui a la cocina a hacerme algo, y ¿qué fue lo primero que vi? ¡A dos chicas usando el escudo-tapa-de-sartén! Si es que, cuando un invento es bueno…

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6 comentarios el “La primera vez

  1. Marcos dice:

    Jajajajaja… aparte de la hernia que me ha causado el esfuerzo mental de imaginarme a Milady (con lo que ella es) friendo una croqueta con la espumadera a modo de batuta, lo de la batidora ya me ha rematado. Cuánta razón tiene tu madre… 😉

    Añado a tu lista de marrones culinarios:

    – No es buena idea usar la batidora directamente en una sartén para triturar una salsa.
    – La tapa del molinillo de cafe no es un accesorio decorativo.
    – Hacerse un sandwich en la tostadora, si lleva queso, no es tan buena idea como parece.
    -…

    • Milady dice:

      Es que las croquetas deconstruidas no tienen la misma técnica que las normales, dónde va a parar, ni el mismo sabor, no voy a mentir. Y no te olvides del escudo-tapa-de-sartén, es importante en esa técnica, escudo en una mano, espumadera cogida de lejos en la otra, y cara de concentración y miedo, lo de los grititos al saltar el aceite me lo callaré.

      Es un honor que venga a contar aquí sus anécdotas el inventor del “seis huevos que alimentan como uno” (eso son dietas y lo demás tonterías). Lo de la tostadora tuvo que ser curioso, queso pegado abajo y saltando por los aires, ¡es un 2×1 en accidentes de novatos en la cocina! Te imagino limpiando después con la cara de mala leche que tiene el trasgu de tu avatar XD. Me pregunto que habrá en ese guión con puntos suspensivos…

  2. Marcos dice:

    Conocerás el significado de esos enigmáticos puntos suspensivos el día que vea la luz el “Visto en moderación uve, palito, palito, palito” y creo hablar en nombre de todos tus seguidores al afirmar que tras 109 días transcurridos desde el anterior, ya va siendo hora… http://urlmin.com/vem1

    • Milady dice:

      ¡Jajajajajajaja!!! Es que estaba cocinando, y por la salud del resto de personas de mi alrededor mejor que no haga otras cosas a la vez…

      Pues lo tenía empezado ya el VEM, pero ya que insistes pondré alguna otra cosa antes…

      • Marcos dice:

        Uys… eso de “lo tenía empezado ya el VEM” ya lo había oído yo antes. Concretamente a finales de agosto. Y en septiembre. Y en octubre…

        Pero vamos, tú a tu ritmo… ¿eh? Que están los cementerios llenos de gente estresada…

        • Milady dice:

          Aún estoy decidiendo si el no contar lo de los puntos suspensivos a cambio del Visto en Moderación sería soborno o chantaje…
          A mi ritmo iré, no te preocupes, no hay problema, y oye, servidora es muy sincera, empezado estaba en esas fechas, y aparcado también. Bueno, dado mi historial, llamándome Milady… eh… esta vez era sincera, eso.

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